Universidad Nacional de Cuyo
Facultad de Ciencias Agrarias
08 de Marzo de 2010
Crece la contaminación en la precordillera mendocina
El agua del Río Blanco, en la zona de Potrerillos, se emplea para riego y para algunos usos humanos. Científicos detectaron altos valores de bacterias fecales, cuya presencia se emplea como un indicador del potencial desarrollo de otras bacterias que producen enfermedades peligrosas como hepatitis A, cólera o fiebre tifoidea. Los investigadores recomiendan medidas para mitigar los riesgos de la contaminación.
El agua que usan muchos habitantes y turistas de una zona de la precordillera mendocina estaría microbiológicamente contaminada. Es la conclusión a la que llegaron investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo y del Instituto Nacional del Agua (INA), quienes durante los últimos cuatro años relevaron la calidad del agua del cauce, a través de muestreos en ocho puntos del Río Blanco, que riega sectores del valle de Potrerillos para luego desembocar en el embalse Potrerillos.
El principal factor de contaminación del agua es microbiológico, debido a la presencia de bacterias coliformes fecales, cuyo origen radica en las deposiciones de animales que pastorean la zona alta de la cuenca. Si bien estas bacterias no afectan en forma directa la calidad del agua para riego, son un potencial problema para la salud humana.
Esta situación se agrava por el creciente desarrollo turístico que ha tenido la zona en los últimos años, ya que las viviendas no disponen de instalaciones sanitarias adecuadas: los pozos sépticos allí ubicados pueden convertirse en fuentes de contaminación de los acuíferos y aun de cauces superficiales. Es por esto que además de relevar el problema de contaminación, los investigadores proponen futuras acciones para mejorar el manejo del agua.
Turistas y ganado
Potrerillos nació como un asentamiento de estancias relacionadas con la actividad agrícola-ganadera a fines del siglo XIX. Sin embargo, a lo largo de los años fue perdiendo ese perfil, debido al intenso desarrollo turístico. A pesar de ello, pocas veces se evaluó el impacto ambiental de esta nueva actividad, y el desarrollo de la infraestructura fue más lento que el crecimiento de estas villas turísticas que se abastecen del agua del mencionado río.
Los investigadores evalúan que se está modificando en forma negativa la calidad del agua disponible en la cuenca. “Se estima a futuro la contaminación de las napas freáticas y de los cauces, debido a la falta de servicios de saneamiento, como cloacas y planta de tratamiento de efluentes”, explica a InfoUniversidades Adriana Bermejillo, integrante del equipo de investigación. “Las aguas servidas se tratan en pozos sépticos que pueden incorporar efluentes sin tratar a las napas freáticas o a cauces superficiales ubicados a menor cota”.
En su trabajo, aclaran que actualmente los factores que afectan la calidad del agua son puramente microbiológicos, ya que a partir de los análisis efectuados se descartaron otro tipo de contaminantes, como metales pesados o presencia de nitratos y fosfatos. Por ello, el agua puede ser empleada para el riego en casi todos los suelos, porque en general, cumple con las normativas vigentes. Por lo tanto, no existe ningún problema para utilizarla en el riego de parques y cultivos como frutales y hortalizas. “Pero en la práctica, debido a sus buenas características organolépticas, la población utiliza el agua para el abastecimiento de viviendas, el aseo personal, lavado de alimentos, y en algunos casos para beber”, agrega Bermejillo. Sus análisis indican que las muestras sobrepasan en todos los casos el valor límite de bacterias coliformes fecales fijado por el Código Alimentario Argentino para agua potable.
“Las heces de animales y seres humanos normalmente contienen bacterias coliformes fecales. Su presencia es empleada, a nivel internacional, como un indicador para señalar que en el medio donde es detectada pueden desarrollarse otras bacterias que producen enfermedades peligrosas para la salud humana, tales como hepatitis A, cólera o fiebre tifoidea”, explica Bermejillo y afirma que “los altos valores que se encontraron en las muestras pueden tener origen humano -desagües domiciliarios- y de la deposición de animales que pastorean en la alta cuenca durante los meses de verano. Es por ello que uno de los picos más importantes se produce en primavera, cuando el derretimiento de la nieve arrastra a los arroyos las heces que dejó el ganado en la temporada anterior. Además, se pueden observar picos de contaminación de origen humano después de las vacaciones de verano, invierno y semana santa, cuando aumenta significativamente la cantidad de turistas que se alojan en casas de la zona, o que acampan a la vera de los arroyos, donde no existe infraestructura sanitaria”.
Posibles soluciones
La situación amerita implementar medidas que mitiguen los riesgos de contaminación, como por ejemplo, mejorar y ampliar obras de potabilización, incluyendo la mayor cantidad posible de viviendas ubicadas en estas villas cordilleranas. También es recomendable alambrar los sectores de captación del agua en la zona alta, para impedir el ingreso de animales y así disminuir la carga microbiana.
Por otro lado, dado que la actividad del hombre es otra causa de contaminación del agua, “se debe continuar con el trabajo que realiza el Departamento General de Irrigación para hacer cumplir toda la reglamentación relacionada con el vuelco de efluentes. Asimismo, se debe insistir en una oportuna planificación, construcción y mantenimiento de plantas, tanto para potabilización de agua para consumo como de tratamiento de efluentes”, completa el informe de los investigadores.
Así se evitará que los arroyos se transformen en colectores de aguas contaminadas, lográndose a su vez impedir procesos degradativos, los que no sólo afectan a la cuenca de este río, sino que además podrían poner en riesgo la buena calidad actualmente registrada por las aguas del embalse Potrerillos.
Leonardo Oliva
prensa@uncu.edu.ar
Dirección de Prensa
Universidad Nacional de Cuyo
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