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Departamento de Ingeniería e Investigaciones Tecnológicas
24 de Noviembre de 2008
Inteligencia ambiental
Climatización automática de viviendas, rutas que regulan la velocidad y remeras que monitorean funciones orgánicas, han dejado de ser imágenes de ciencia ficción para transformarse en algunas de las ventajas que los ambientes inteligentes introducirán en la vida cotidiana. La UNLaM, a través de dos proyectos del Departamento de Ingeniería e Investigaciones Tecnológicas, se sumó a la exploración de esta apuesta tecnológica.
La inteligencia ambiental describe un medioambiente electrónico que reconoce y responde a la presencia humana, de una forma invisible y anticipada.
Los ambientes inteligentes son capaces de interactuar con el usuario de una manera autónoma, en aras de facilitar la vida humana. Estos ambientes, que pueden ser pequeños como una prenda o grandes como una ruta o habitación, son administrados por “intuitivos” objetos cotidianos comunicados entre sí.
La UNLaM, a través de dos proyectos del Departamento de Ingeniería e Investigaciones Tecnológicas, se sumó a la exploración de esta apuesta tecnológica, aplicándola al monitoreo deportivo y a la prevención de caídas en adultos mayores.
Aplicado al deporte
Previo análisis sobre qué tipo de sensor emplear en ámbitos ligados a la práctica deportiva, el equipo de docentes y alumnos escogió el acelerómetro, un dispositivo electromecánico que, ante una inusual variación de velocidad, genera una señal eléctrica. El ejemplo más popular es el airbag que, al detectar una desaceleración fuera de lo normal, emite una descarga explosiva para que rápidamente se infle la bolsa protectora.
Este mecanismo, combinado con un transmisor y un microprocesador, permite analizar impactos en forma de señal, transmitiéndolos a una computadora. De este modo pueden interpretarse gráficamente diferentes alteraciones, desde el caminar hasta los golpes de un boxeador.
Y aplicado a la salud
Para favorecer el cuidado de adultos mayores que procuran independizarse de quienes los cuidan, se ideó un circuito sensor de caídas que puede ser portado en la vestimenta o como pulsera.
Este circuito distingue cualquier desviación en las tareas que el adulto realiza y envía un mensaje de alerta a quien esté a cargo.
El proyecto constituye un beneficio para aquellas personas propensas a sufrir síncopes, diabetes y epilepsia, y para quienes no pueden reaccionar, comunicarse o avisar que se cayeron.
Teniendo en cuenta que los ancianos se sienten más seguros si saben que, en caso de accidente, se disparará una alarma, esta iniciativa, mediante el auxilio y la contención temprana, evita daños mayores y pérdida de autoconfianza.
gspina@unlam.edu.ar
Natalia Roumie
Área de Prensa y Difusión
Universidad Nacional de La Matanza
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