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Facultad de Ingeniería
07 de Mayo de 2012
La influencia del tipo de suelo en las consecuencias de un terremoto
Especialistas en sismos estudian el caso de Mendoza, el ámbito geográfico de mayor actividad sísmica del país, y afirman que los daños dependen de la rigidez del piso y de las estructuras que allí se apoyan. Los investigadores analizan los “efectos de sitio” en los terremotos, lo que implica conocer la composición de un suelo y su grado de rigidez, entre otras variantes. Advierten sobre la necesidad de actualizar las normativas de construcción.
Las consecuencias de un terremoto no siempre son las mismas en la zona afectada. Y esto ocurre porque el tipo de suelo cumple un papel importante en los daños que causa un movimiento sísmico. Es decir, no es lo mismo un suelo rígido que uno blando, como tampoco lo son las estructuras que se apoyan en esos suelos: cuanto más rígidas, sufren más si el suelo es duro; y viceversa, si son muy deformables son más afectadas por los suelos blandos.
A esta conclusión llegaron los sismólogos tras años de investigaciones. Entre ellos, los ingenieros que trabajan en el Instituto de Mecánica Estructural y Riesgo Sísmico (Imeris), quienes alertan que deben actualizarse las reglamentaciones para la construcción en áreas como Mendoza en función de evitar daños graves si ocurre un gran terremoto.
En la actualidad, un equipo liderado por Arnaldo Barchiesi, jefe del Área Geotecnia del Imeris, procura establecer los modos en que distintos sitios de la ciudad y sus adyacencias pueden responder frente a diferentes sismos. “Considero que es un tema pendiente de suma importancia para toda la comunidad ya que está asociado a la seguridad, al desenvolvimiento y a la planificación de las más diversas actividades que tienen lugar en este ámbito geográfico, el de mayor actividad sísmica del país”, dice el investigador.
“Hay que tener en cuenta que la normativa de diseño sismorresistente aplicable a la mayor parte de las construcciones nuevas, toma en consideración solicitaciones sísmicas que no han surgido de estudios específicos, completos y actualizados”, agrega.
Barchiesi y sus colaboradores estudian lo que se llama “efectos de sitio” en los terremotos, que incluye conocer la composición de un suelo y su grado de rigidez, cómo se encastran las estructuras constructivas en él y cómo funcionan éstas, es decir, cómo reaccionan, ante cada movimiento del piso. “En términos generales, se ha observado que ante un sismo determinado, distintos puntos relativamente próximos de un área dada tienen respuestas sísmicas muy diferentes. Esto equivale a decir que, aunque el evento sísmico es único en su origen o fuente, éste se diversifica en cada punto de un área determinada afectada por el evento”, explica Barchiesi a InfoUniversidades, porque todo depende de las características de los suelos existentes en cada sitio.
“De una manera simplificada y esquemática, es posible afirmar que los suelos rígidos tienen asociadas acciones sísmicas que provocan mayores solicitaciones en las estructuras que también son rígidas (las viviendas y edificios bajos con muros de mampostería u hormigón armado son buenos ejemplos en este sentido). Al contrario, en los suelos blandos, son las estructuras más deformables las que desarrollan las mayores solicitaciones. A este segundo grupo corresponden, por ejemplo, los edificios aporticados esbeltos”, grafica el especialista.
Con estos datos, han comprobado que no siempre un sismo en Mendoza va a tener la misma magnitud en una zona. “Observamos que las respuestas de cada sitio dependen de los niveles de aceleración máxima del sismo ‘input’, es decir, del sismo generado y propagado hasta la roca en cada sitio y antes de verse afectado o modificado por los ‘efectos de sitio’”.
También saben que Mendoza tiene ciertas particularidades sísmicas. Como que buena parte de la provincia (y en particular el área urbana del Gran Mendoza) está expuesta tanto a eventos lejanos (originados especialmente en la zona de subducción chilena) como a eventos cercanos y muy cercanos originados en estructuras locales activas. “Nuestra comunidad necesita dirigir un esfuerzo serio y sostenido al estudio de este segundo tipo de eventos puesto que representa una amenaza mayor”, advierte Barchiesi.
Es que estas observaciones los han alertado sobre la necesidad de estudiar el problema en su integridad. Por un lado, establecer las características de los eventos sísmicos que pueden afectar cada zona de Mendoza y, por otro, determinar las modificaciones puntuales que estos eventos pueden experimentar en cada sitio de un área determinada. “De este modo podremos llegar a proponer solicitaciones de diseño realistas para nuestras construcciones. Con ‘realistas’ queremos decir originadas en estudios científicos actualizados, completos y específicos para cada situación”, recomienda el ingeniero.
loliva@uncu.edu.ar
Dirección de Prensa
Universidad Nacional de Cuyo
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